lunes, 12 de septiembre de 2011

Tan frágil como cristal

En esas ocasiones, donde la fuerza nos inunda, donde el objeto que genera nuestra motivación, lo sentimos tan a nuestro lado, que creemos que podremos enfrentar la peor de la pruebas de esta vida mortal. Cuando sentimos que daríamos la vida por un ideal.
Sin embargo no contemplamos una realidad, ¿que pasa si la prueba es perder lo que nos motiva?: Nos desmoronamos, pues entramos en la confusión. Estamos en un mundo, donde perdemos por un instante el sentido de la vida, hasta que encontramos una nueva motivación.

Un día conocí un caso muy particular, donde un joven se sentía muy atraído por una persona, esta nunca supo lo que el sentía. Pues este joven siempre la amó, sin decirlo, sin pensar en un porque, sin razón alguna.

No conocía a aquella bella mujer que contemplaba durante horas, sin embargo, seguía amándola. A muchos les extrañaría, muchos dirían que no tena la valentía o seguridad para hacerlo. 

¿Quien diría, que la realidad del asunto era tan compleja y a la vez, tan sencilla?

Muchos no lo comprendían, yo lo hice, pero nunca pude sentir lo mismo que el.

Para el, aquella joven, era mas que una mujer, era un eterno amor, un amor mas allá de lo material, algo imposible, pues así quería que fuera.
Prefería vivir engañado con la imagen que el mismo se hacia de tal joven, pensando siempre en ella, teniendo un concepto de perfección hacia la existencia de aquel ser tan hermoso.
Guardando todo su amor y todos sus sentimientos, reservándolos eternamente, dirigiéndolos a el cielo, a su propia concepción de amar.

No hablaba con ella, no porque tuviera miedo, no hablaba con ella porque no deseaba arruinar ese ideal de su amante desconocida (tanto para ella como para el), su motivación perfecta.

Esto fue hasta que un día, la joven, habiendo notado las constantes miradas del muchacho, se intereso en el, y comenzaron a charlar. Así pasaron varios días, los jóvenes se reunían para compartir intereses y sus pensares.

Un día, me tope con ese joven, y comenzamos a charlar. Me platico de como ese amor que había sentido antes se esfumo, de como su motivación pronto se vio desvanecida, de como la decepción le invadió.

"Es como todos, es simple, como cualquier otra mujer..."

Esas fueron sus palabras exactas, palabras que se me labrarían en la mente como si su voz fuera un cincel, y mi mente la roca, para nunca olvidar.

"¿Entonces, porque charlabas con ella, en lugar de seguir con tu fantasía?"- Pregunte yo.

"Si Dios bajara de los cielos para hablar con vos, ¿le dejaríais hablando solo?"

"Ya veo"

Después de ello, nunca mas le volví a ver, a excepción del día que le vi caer desde el puente que atravesaba el rió circundante al pueblo.

Al verle caer, me di cuenta, él había perdido la razón de su vida.
Aun si hubiera podido salvarlo, no lo hubiera hecho, pues el lo hubiera intentado de nuevo, su elección estaba hecha, quería morir. Tal vez, deseaba encontrar, en la segunda vida, otro motivo, para conservarla.

¡Oh humanos!, seres tan complejos y simples, cuyos pensamientos son tan frágiles, que si se cuestionan por vosotros mismos, o desaparecen de su concepción, se quiebran como cristal.

Y aun así, sigo sonriendo, pues mi sonrisa, ya no representa felicidad, pues se ha vuelto, mi tristeza.

Y no lo cambiaría por nada...

¡Hahahahahahaha!



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